Black Pool, Yellowstone Park

Albéniz en Laramie

Hace casi ocho meses que me hice socia del Club Albéniz. Se suponía que iba a recibir cada semana un correo con las novedades de la cartelera y, claro, ¿cuándo han empezado a mandarme esos emails? Exacto, hoy, justo hoy que estoy en la otra punta del mundo. Es quizás la manera que tiene Málaga de bromear conmigo ahora que me he ido tan lejos de ella. Puede que sea una forma de mantener el ambiente de película surrealista, o una venganza por mi partida.

Esta primera entrada, este primer escrito, iba a estar dedicado (está dedicado, de hecho) a mi llegada, mi desembarco —para los que prefieran un tono más literario—a los Estados Unidos, y  en especial a Laramie, esta pequeña ciudad del oeste, perdida en el vasto espacio entre Wyoming y Colorado, la frontera entre el mundo y lo desconocido, esta tierra de expansión que hoy parecen haber olvidado los americanos —estadounidenses—cuando me preguntan “¿Why Wyoming?”. Laramie tiene nombre de ciudad del señor de los anillos, es lo primero que alguien me dijo cuando le mencioné a dónde me marchaba, puedo recordar que era una tarde de mayo, cuando ya estaba asqueada de permanecer en la biblioteca y el atardecer de Málaga todavía aguardaba detrás de Teatinos. Y de nuevo Málaga.

He de confesar que desde que supe que vendría a Laramie no he hecho más que buscar similitudes entre estas dos ciudades. Por supuesto no he tenido éxito. No hay dos ciudades más distintas en el mundo y lo he podido corroborar en unos pocos días. En primer lugar, los habitantes, me refiero a los verdaderos habitantes, lo que no pagan contribuciones ni impuestos de ningún tipo y disfrutan de la ciudad a su libre albedrío. Estos podrían ser en Málaga perfectamente “las gaviotas”, que te sorprenden en cualquier barrio, locas por buscar un pedacito de agua mientras te despiertan por la mañana. De estos en Laramie sólo he encontrado unas aves negras que se concentran en Willet Drive —mi ruta para ir al campus. Quise creer, por superstición, que no son cuervos, pero hoy los he escuchado “cantar”: son cuervos. Y, sea vulgar o no lo que voy a decir, los únicos animales que he visto pasear por Málaga son perros, perros cagando en cualquier lado, y cucarachas, cualquier persona que viva en Málaga lo sabrá. Aquí sólo he visto conejos, sí, pequeños conejitos que caminan libremente por el campus y por Bison Run, donde vivo. Y esto sólo lo he descubierto en cuatro días que llevo aquí. Próximamente añadiré otros interesantes datos comparativos (no me puedo creer que como filóloga tienda tanto al comparatismo, sobre esto prometo otra entrada en la que ya he estado pensando) relativos, seguramente, al Terral de Málaga y el grosor de la nieve desde octubre hasta abril. You’ll survive, que es la frase que más he escuchado estos días aquí. Pues eso.  

Para terminar, un apunte, una de esas “coincidencias” surrealistas propias de Málaga: Laramie pertenece al estado de Wyoming, el estado más grande (en extensión) de todos los Estados Unidos de América. En este inmenso estado viven unas 500.000 personas. Es la misma población que se contiene sólo en la ciudad de Málaga. ¿No es para volverse locos?

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